¿De qué va la obra? Un recorrido por la tensión familiar en escena 🎭
En Buenos Aires, hay espacios que no solo enseñan teatro, sino que también producen y arman escenas que reflejan la vida misma. Uno de esos lugares es el Teatro Defensores de Bravard, fundado por Matías Feldman y Santiago Gobernori, donde nace una obra que invita a mirar de cerca las dinámicas familiares: Huele a espíritu adolescente.
Una reunión que revela más de lo que parece 🗣️
La obra se desarrolla en una mesa larga, donde nueve personajes se reúnen en una especie de fiesta o encuentro familiar. La escena no es solo un escenario, sino un espejo de las pequeñas tensiones, roces y jerarquías que todos reconocemos en nuestras propias familias. La historia puede suceder en cualquier barrio de Buenos Aires, en Rosario o en cualquier lugar de periferia donde las familias se juntan para comer, discutir o simplemente estar juntos.
El comienzo es un murmullo caótico, un diálogo que parece desordenado, pero que en realidad tiene una precisión muy cuidada. Como explica el director Matías Feldman, ese bullicio fue trabajado con repetición hasta lograr un ritmo casi musical, una especie de partitura donde todo sucede al mismo tiempo. Los personajes hablan, se pisan, ocupan espacio y dejan que el espectador elija en qué centrarse, sin que nada quede completamente claro, creando así una sensación de naturalidad y caos controlado.
El orden en el desorden: la mesa como símbolo 🔥
La mesa en la obra no solo es un lugar donde se come o se habla, sino que también ordena y desordena las relaciones entre los personajes. La escena se va modificando, mutando, y de esa forma revela las alianzas y los conflictos internos. La obra muestra cómo los vínculos familiares están siempre en movimiento, con cambios de posición y cercanías, mientras alguien siempre termina quedando afuera. Es como una geometría invisible que define el amor y el rechazo en la familia.
Un detalle clave en la trama es la presencia de un elemento que falta: un plato de más. El director explica que al comienzo de la obra se cuentan los platos y aparece uno que sobra. Esa ausencia, esa presencia ausente, se vuelve un motor que impulsa confesiones, lágrimas y una transformación final. Es como si ese personaje que falta todavía tuviera algo que decir, y esa falta genera toda la tensión emocional.
Colores, vestuario y simbolismo 🎨
La puesta en escena también juega con los colores para reflejar las emociones y los personajes. El marrón de la madre, el bordó del que no termina de decidirse, el celeste del invitado que guarda silencio, y el rojo que simboliza heridas y lágrimas. Los cambios en el vestuario y en la ambientación ayudan a entender quiénes son y qué sienten, mientras la escena se limpia o se llena de movimiento, casi como un cuadro en movimiento que recuerda las fotos de Marcos López.
Actuación y escritura: un trabajo conjunto desde adentro 🎤
Otra de las particularidades de esta obra es que fue escrita por los mismos actores, lo que le da una cercanía y un espesor únicos. Los actores conocen profundamente a sus personajes, construyéndolos desde sus propias historias y silencios. La obra surge de esa colaboración entre texto y actuación, logrando que cada escena tenga un peso emocional auténtico.
El misterio del décimo plato y el espíritu de Nirvana 🌌
El título de la obra, Huele a espíritu adolescente, tiene una historia detrás. Se inspiró en la repetición obsesiva de Nirvana por parte de uno de los personajes, y en la figura de Kurt Cobain, que simboliza esa juventud rebelde y perdida. La presencia de ese ícono musical aporta varias capas: la adolescencia, la nostalgia, el espíritu de alguien que ya no está, pero que sigue presente en la memoria y en la obra misma.
El director Feldman explica que ese “espíritu” también habla de la ausencia, de lo que no está, pero marca el rumbo de la historia y las emociones de los personajes. Así, la obra no solo refleja una reunión familiar, sino también el peso de las heridas no sanadas y los fantasmas que acompañan a cada uno.
¿Dónde y cuándo verla? 🎟️
Con funciones en el Teatro Bravard, Huele a espíritu adolescente invita a todos a entrar en esa reunión que ya comenzó. Voces que se pisan, lugares que cambian y alguien que siempre queda afuera. La obra combina lo cotidiano con lo profundo, tocando una fibra que, quizás, todos llevamos adentro sin saberlo.
En definitiva, esta puesta en escena logra convertir una simple reunión en un escenario de emociones intensas y reflexivas, donde lo familiar revela sus secretos y sus heridas más profundas.




