Un movimiento que revela más de lo que parece
La reciente renuncia de Agustín Ortiz de Marco, uno de los veedores que el Gobierno había designado para revisar las cuentas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), abrió una ventana a un escenario mucho más complejo y lleno de tensiones. Lo que parecía ser una simple salida, en realidad, expuso una trama de desinterés oficial y posibles intereses políticos que complican aún más el control sobre el fútbol argentino.
¿Quién era Ortiz de Marco y qué buscaba?
Este abogado fue nombrado hace unos meses para supervisar la gestión de la AFA, en un momento en que la entidad enfrentaba varias denuncias por irregularidades. La tarea era monitorear aspectos clave, como las cuentas, transferencias y el proyecto de una universidad vinculada a la casa madre del fútbol. Sin embargo, su llegada no fue solo una formalidad; buscaba ser un paso importante para transparentar una institución bajo sospecha.
¿Por qué se fue? La versión oficial y las sospechas
Al principio, Ortiz de Marco explicó que decidió abandonar por motivos laborales, pero la realidad parece ser otra. Según fuentes cercanas, su renuncia fue una decisión tomada desde arriba, desde el propio Ministerio de Justicia, que no le brindó los recursos ni el apoyo necesario para hacer su trabajo. La resolución oficial indicaba que podía armar un equipo, pero nunca le dieron fondos ni herramientas para hacerlo. La conclusión: nunca pudo comenzar su misión, y su salida fue más bien una forma de evitar que avanzara en la revisión de las finanzas de la AFA.
Un proceso sin herramientas y sin avances
Pasaron más de 30 días desde su nombramiento y, en la práctica, nadie del gobierno se comunicó con él para empezar la supervisión. La realidad es que Ortiz de Marco nunca contó con lo necesario para cumplir su rol. La veeduría, inicialmente prevista por 180 días, quedó en el papel, sin resultados concretos. Además, su rol era revisar aspectos delicados, como las cuentas, transferencias y el controvertido proyecto de la universidad, que nunca se concretó.
¿Qué hay detrás del silencio oficial? La política en el fútbol
El contexto político tampoco ayuda. La relación entre el Gobierno y la dirigencia de la AFA está marcada por tensiones. Los principales nombres en la conducción del fútbol argentino, como Claudio «Chiqui» Tapia y Pablo Toviggino, son figuras recurrentes en conflictos con las autoridades nacionales. La presencia del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, en este escenario, también genera suspicacias, ya que tiene vínculos con la AFA y con dirigentes cercanos a Tapia.
Por ejemplo, Mahiques fue nombrado por Tapia como vicerrector de la Universidad de la AFA, y su padre, un camarista, fue protagonista de polémicas relacionadas con festejos en propiedades vinculadas a Toviggino. Aunque el ministro aclaró que no tiene vínculos cercanos, su cercanía con la estructura de la AFA y sus relaciones personales alimentan las sospechas sobre un posible blindaje a los dirigentes del fútbol.
Un control que quedó en el aire
Con la renuncia de Ortiz de Marco, el esquema oficial de control quedó en suspenso. Por ahora, solo queda en funciones Rubén Papacena, el otro veedor designado. El Ministerio de Justicia deberá decidir si continúa con la misma estrategia o si reconfigura la supervisión, que desde un principio estuvo marcada por el ruido político y la falta de recursos.
En definitiva, lo que parece ser un paso hacia la transparencia en el fútbol argentino quedó en evidencia como una maniobra más de desgaste y de falta de voluntad real para revisar las cuentas y las irregularidades en la AFA. La historia continúa en un escenario donde los intereses políticos parecen tener más peso que la limpieza institucional.




