Un testimonio que rompe el silencio
En el marco de los 50 años del golpe militar que marcó el comienzo de una de las dictaduras más oscuras en la historia argentina, Miriam Fernández decidió contar su historia. Ella es la nieta recuperada número 127 por las Abuelas de Plaza de Mayo, una organización que lucha por devolverle la identidad a los niños y niñas apropiados durante la dictadura.
¿Quién es Miriam y cómo descubrió su verdadera historia?
Miriam nació en 1977, en plena dictadura, en la base naval de la ESMA. Sus padres, Carlos Simón ‘Tula’ Poblete y María del Carmen ‘Pichona’ Moyano, estaban desaparecidos desde unos meses antes. La justicia confirmó en 2017 que Miriam era su hija, tras realizarle un análisis de ADN, pero ella ya sospechaba la verdad desde hacía tiempo.
Lo que más le dolió fue descubrir que fue inscripta en un registro civil en Mendoza por una pareja que la inscribió como su hija, aunque en realidad no lo era. La pareja, Armando Fernández y su esposa Iris Luffi, trabajaban en inteligencia y estaban vinculados a la Policía. La justicia comprobó que la pareja la tomó en sus manos nada más nacer y la inscribió como si fuera su propia hija, alterando su identidad real.
¿Qué pasó después?
La historia de Miriam no quedó en silencio. En 2021, la justicia condenó a Fernández a 15 años de prisión y a su ex esposa a 10 años, por delitos de apropiación, ocultamiento y falsificación de documentos. La condena fue confirmada tras apelaciones y revisiones, y también se conoció que Fernández tiene varias condenas por delitos de lesa humanidad, incluyendo prisión perpetua en otros casos.
El juicio reveló que la pareja inscribió a Miriam con testigos, en un intento de legitimar una apropiación ilegal. Sin embargo, Miriam no la llamó apropiadora, sino su «familia de crianza», y decidió mantener su apellido de nacimiento, Fernández, por decisión propia.
¿Qué dice Miriam hoy?
En un emotivo video oficial difundido por el gobierno de Javier Milei, Miriam contó su historia de manera cercana y clara. Allí expresó que, después de conocer la verdad, no quiso llamar a sus apropiadores padres, sino que los consideró sus «familia de crianza». También expresó que, si bien supo en 2000 que no era hija biológica de quienes la criaron, no tenía interés en buscar su verdadera familia hasta que un familiar la forzó a hacerlo.
Su relato refleja la lucha por la memoria y la justicia, y el respeto por la historia personal de cada uno. Miriam también dejó en claro que no se puede obligar a alguien a aceptar una verdad que ha sido ocultada por tantos años. Para ella, los que la criaron son sus padres en el sentido más profundo, más allá del vínculo biológico.
¿Por qué esto importa?
Este caso no solo es una historia de dolor y resistencia, sino también una muestra del trabajo que todavía queda por hacer para esclarecer la historia y seguir buscando justicia para quienes aún no la tienen. La lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo continúa, y historias como la de Miriam nos recuerdan que la memoria y la verdad son fundamentales para construir un país más justo y respetuoso de la historia.
Reflexión final
El testimonio de Miriam Fernández nos invita a reflexionar sobre el valor de la memoria, la importancia de la justicia y el poder de la resistencia frente a las injusticias del pasado. En estos 50 años, su historia se suma a las miles que aún buscan su verdad, y nos recuerda que la historia no debe olvidarse.




