¿Por qué el superávit del Estado no es todo mérito suyo?

En los primeros meses de 2026, las cuentas públicas argentinas mostraron un superávit que llamó la atención. Pero, ¿realmente el Estado está ganando más? La respuesta no es tan simple. Gran parte de esos números positivos vienen de ingresos que no son habituales, y que en realidad, sirven como un respiro temporal para las finanzas nacionales.

Los ingresos que salvan las papas

Este inicio de año, el Gobierno reportó un superávit primario de 1,4 billones de pesos y un superávit financiero de 144 mil millones. En total, en los primeros dos meses, acumularon unos 4,6 billones y 1,2 billones de pesos, respectivamente. Pero, ojo, gran parte de estos números se explican por ingresos extraordinarios, como las privatizaciones.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) advirtió que, sin esos ingresos por privatizaciones, los números serían muy diferentes. De hecho, el superávit primario habría caído un 27% en términos reales, y el financiero un 87%.

¿De qué privatizaciones hablamos?

Se trata de fondos que llegaron al Estado gracias a la venta de las represas del Comahue. Aunque estos ingresos ayudan a mantener las cuentas en orden, no alcanzan para cubrir la baja en la recaudación por impuestos. Es decir, la economía no está generando tanto dinero como antes, y eso se nota en los números.

¿Qué pasa con los ingresos y los gastos?

En estos dos meses, los ingresos totales bajaron un 5% en comparación con el mismo período del año pasado. Esto se debe a que los impuestos recaudados cayeron un 9% en términos reales, aunque hubo un aumento del 61% en los ingresos no tributarios, impulsado especialmente por las privatizaciones.

Por otro lado, algunos fondos no tributarios, como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, no lograron compensar la caída en los ingresos por impuestos. Mientras tanto, el gasto público en intereses bajó un 8,4% en términos reales, ayudando a mantener el superávit.

¿Y qué pasa con el superávit?

El superávit primario —que es lo que queda después de pagar los gastos, pero antes de pagar intereses— en los primeros dos meses del año fue de 4,8 billones de pesos en 2025. Este año, ese número bajó un 5%, quedando en 4,6 billones. Pero si eliminamos los fondos por privatizaciones, ese superávit sería mucho menor: unos 3,5 billones, y con una caída real del 27%.

En cuanto a los intereses, el gasto en ese rubro bajó un 8,4%, lo cual ayudó a que el superávit financiero subiera un 4% en comparación con el año pasado, alcanzando los 1,28 billones de pesos. Sin embargo, esa mejora también se debe en buena parte a los ingresos extraordinarios por privatizaciones.

¿Qué nos deja esto?

En resumen, el panorama fiscal de Argentina en 2026 está muy condicionado por ingresos que no son permanentes, como las privatizaciones. Aunque esto ayuda a mostrar un buen resultado en los números, no refleja necesariamente una mejora en la economía real o en la capacidad del Estado para sostenerse con sus propios recursos.

Por ahora, los números son un alivio para las finanzas públicas, pero la verdadera prueba será si la economía logra recuperarse y volver a generar más ingresos tributarios en los próximos meses.