El Congreso en el centro de la polémica

Mientras en Argentina se discuten fuerte los aumentos en las dietas de los senadores —que a partir de mayo llegarán a los 11 millones de pesos por legislador— otro tema que nunca pasa de moda en el Congreso vuelve a estar en el ojo de la tormenta: los nombramientos de empleados, muchos de ellos familiares o amigos de los propios senadores.

¿Cuántos empleados hay en el Senado?

Según datos oficiales, en el Senado trabajan alrededor de 3.575 personas, divididas en planta permanente (2.112) y transitoria (1.463). El sueldo promedio de estos empleados ronda el millón de pesos, lo que significa que el gasto mensual en salarios supera los 3.600 millones de pesos solo en salarios, sin contar lo que gastan los propios senadores en sus oficinas.

¿Cómo se asignan los empleados?

Cada senador tiene un cupo de 7.338 módulos para contratar personal, con un valor de referencia que antes del último aumento era de 2.554 pesos. Esto permitía un presupuesto de más de 18 millones de pesos para armar un equipo de colaboradores. Sin embargo, algunos senadores tienen en sus despachos a muchas más personas de las que el reglamento recomienda, llegando en algunos casos a tener decenas de empleados.

Los que lideran en cantidad de asesores

El senador formoseño José Mayans, jefe del bloque Justicialista, encabeza la lista con 30 asesores en su despacho, entre ellos familiares, como Celina Mayans, que trabaja allí desde 2023. Aunque la ley indica un límite de un par de empleados por despacho, algunos legisladores superan ampliamente esa cantidad.

Familia y política: una historia que se repite

Este patrón no es nuevo. La familia Menem, por ejemplo, ha estado en el Congreso desde hace años. Eduardo “Lule” Menem, sobrino del expresidente Carlos Menem, fue senador con su tío y, hoy en día, la familia sigue presente con Carola Fabiana Menem, prima de Martín Menem, trabajando en el despacho del senador Juan Carlos Pagotto, quien preside la comisión de DNU.

En esa oficina también trabaja Juan María, hijo de Pagotto, que tiene la categoría más alta y cobra más de 2 millones de pesos. Otros ejemplos incluyen a familiares de exgobernadores y senadores de diferentes provincias, que también ocupan cargos con sueldos elevados y categorías altas.

¿Y qué pasa con los escándalos?

Algunos casos han llegado a llamar la atención por la cantidad de familiares nombrados o por polémicas específicas. Por ejemplo, Vilma Bedia, que llegó a designar a seis familiares en su despacho, manteniendo solo a uno después de algunos cambios. En otro caso, un senador del espacio libertario en Chaco, Juan Cruz Godoy, incorporó a un electricista que fue denunciado por abuso sexual, y figura en la lista de empleados con un sueldo cercano a los 1.830.000 pesos.

¿Y qué dicen los propios senadores?

Algunos defienden sus nombramientos argumentando que sus familiares tienen la “idoneidad” necesaria. Jorge Capitanich, por ejemplo, defendió a su hija, que trabaja en su despacho con la categoría más alta, y también nombró a otros empleados que, según él, cumplen con los requisitos. Pero estas prácticas generan críticas por el posible uso político y favoritismo en un lugar que debería ser ejemplo de transparencia.

¿Por qué importa esto?

Más allá de la polémica, lo cierto es que el Congreso sigue siendo un lugar donde la política y las relaciones familiares se mezclan, y los recursos públicos terminan en manos de familiares o amigos de los legisladores. Esto, en un momento en que la opinión pública pide mayor transparencia y control en el uso de los fondos del Estado.

Lo que se viene

Por ahora, el debate sigue abierto. La discusión sobre recortes de personal y la revisión de nombramientos, especialmente en un contexto de aumentos en las dietas, refleja la tensión entre la gestión pública y las prácticas que se repiten en el Congreso. La pregunta es si en el futuro se podrán poner límites claros y transparentes para que los recursos públicos sean utilizados de manera justa y eficiente.