La alimentación en el trabajo ya no es solo un detalle, sino un reflejo del poder adquisitivo
¿Alguna vez te preguntaste qué tan difícil puede ser comer bien mientras trabajás? La respuesta está en un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que revela una realidad preocupante: más del 83% de los trabajadores enfrentan algún tipo de privación alimentaria durante su jornada laboral. Esto significa que, para muchos, comer bien o siquiera comer suficiente ya no es algo garantizado.
¿Qué significa privarse de comer en el trabajo?
La forma en que esto se manifiesta varía, pero en general, los empleados saltan comidas o eligen alimentos con menor valor nutricional para ahorrar. La situación se vuelve aún más compleja cuando se combina con la situación económica general: salarios que no alcanzan, inflación y el aumento del costo de vida, que empujan a muchas familias a hacer malabares con los gastos, incluso los más básicos.
Los más afectados: jóvenes y mujeres
Los datos también muestran que los más vulnerables en esta problemática son los jóvenes entre 18 y 29 años y las mujeres. En ese grupo, más del 70% reconoce que se saltea comidas por motivos económicos. Además, casi el 80% de estos jóvenes opta por alimentos menos nutritivos para poder estirar el dinero.
Este fenómeno no solo afecta a los que ganan menos, sino también a quienes tienen salarios más altos, aunque en menor medida. Por ejemplo, entre quienes perciben hasta $800.000 mensuales, el 86,7% come menos o peor, mientras que entre los que ganan más de $2 millones, esa cifra baja a 63,5%. Esto confirma que, a mayor ingreso, menor es la privación alimentaria en el trabajo.
¿Y qué pasa con la comida en la oficina o en el lugar de trabajo?
El estudio revela que un 22,6% de los trabajadores no come nada durante su jornada laboral, lo que refleja cuánto ajustan sus gastos para mantener el ingreso. Además, la mayoría de los empleados gastan en comida menos de $5.000 diarios en el trabajo, mientras que solo un pequeño porcentaje invierte más de $10.000. Pero no todos tienen la opción de comer en el lugar: muchos no cuentan con comedores en sus empleos.
¿Existen beneficios para comer en el trabajo? La desigualdad que persiste
Por suerte, algunas empresas ofrecen beneficios alimentarios, pero estos están concentrados en las grandes compañías y en los empleados con mejores ingresos. Los sectores más vulnerables, en cambio, suelen quedar afuera. La ley en Argentina contempla comedores laborales, pero con reglas específicas, y la posibilidad de comedores externos aún están en proceso de implementación, por lo que muchos trabajadores siguen sin acceso a este tipo de ayuda.
Lo que sí está claro es que la mayoría de los empleados desea contar con beneficios alimentarios. El 80,4% afirma que le gustaría tener alguna ayuda para comer en su jornada laboral, y esa cifra sube al 91,5% entre quienes ya enfrentan privaciones.
¿Por qué todo esto importa? Más allá del plato
Alimentarse bien en el trabajo no solo es una cuestión de comodidad o salud, sino que también refleja el estado de la economía y el nivel de bienestar de los trabajadores. Los especialistas advierten que una mala alimentación puede derivar en problemas de salud y, en consecuencia, en menos productividad y mayores gastos médicos.
En definitiva, la comida en la oficina dejó de ser un simple momento para comer y se convirtió en un indicador clave de cuánto están pudiendo mantener su calidad de vida los que día a día enfrentan la realidad económica del país. La buena noticia es que, con más conciencia y políticas públicas, se puede avanzar hacia un escenario donde nadie tenga que sacrificar su alimentación por un trabajo digno.




