Un día que quedó en la memoria de todos
El 25 de noviembre de 2020, la Casa Rosada, la sede del gobierno argentino, se convirtió en escenario de una despedida única e impactante. No fue un funeral convencional, sino una especie de catarsis colectiva que reflejaba el amor y la pasión que Argentina siente por Diego Armando Maradona, uno de los ídolos más grandes del fútbol mundial y del país.
El momento en que el país lloró a su ídolo
Desde temprano, miles de personas llegaron para despedir al campeón del Mundial de 1986, en un ambiente que mezclaba tristeza, fervor y nostalgia. La multitud no solo llevaba remeras, banderas y flores, sino que también expresaba su dolor con gritos, lágrimas y rezos. La frase que se repetía una y otra vez en ese día era simple pero poderosa: «Te amo, Diego».
Para muchos, Maradona era más que un futbolista; era una figura que simbolizaba la historia, la épica y la revancha de un país que lo veneraba como un héroe popular. La despedida fue especialmente emotiva porque su figura estuvo marcada por momentos históricos, como su famoso partido contra Inglaterra en México 86 y su historia de vida llena de altibajos.
¿Por qué en la Casa Rosada?
La decisión de realizar el velorio en ese lugar no fue casual. La familia de Maradona eligió que fuera en la Casa Rosada, un símbolo de la Argentina, y el gobierno accedió rápidamente, aunque algunos dudaban si era lo más adecuado. La idea era honrarlo en un escenario que representaba la historia del país y su gente.
El encargado de coordinar el contacto con la familia fue el ex subsecretario de Asuntos Políticos, Miguel Cuberos, quien se comunicó con Claudia Villafañe, exesposa de Diego, para ofrecerles el lugar. La familia optó por la Casa de Gobierno, y desde ese momento empezó la organización para hacer posible ese homenaje multitudinario.
El caos y los incidentes que casi se salen de control 🚨
Pero lo que empezó como un acto de despedida con calma, rápidamente se convirtió en un caos. La madrugada anterior, la barrabrava de Boca Juniors, conocida como “La 12”, llegó con coronas y cánticos, y se adueñó de la escena. Cantaron, lanzaron fuegos artificiales y llenaron la Plaza de Mayo con su fervor, mostrando cuánto Maradona significaba para ellos.
Al comenzar el velorio, la fila para ingresar se extendía, y la gente mostraba un amor desbordado. Sin embargo, el tiempo y la organización se volvieron un problema. La cantidad de asistentes superaba con creces las previsiones, y muchos quedaron afuera, desesperados por entrar a despedir a su ídolo.
El gobierno intentó gestionar la situación, pero las horas pasaban y la multitud no se detenía. La familia había establecido un horario límite: hasta las 16 horas. Pero, a medida que avanzaba el día, la tensión crecía. Rumores de que no se extendería el velorio generaron ansiedad y enojo entre los presentes, que querían despedir a Maradona con calma y sin límite de tiempo.
Seguridad al límite y el final abrupto 🏃♂️💥
El momento más crítico fue cuando algunos barras bravas, incluyendo las de Gimnasia y Boca, coparon las primeras filas, desplazando a los otros asistentes. La situación se volvió peligrosa, y la policía empezó a usar gases lacrimógenos para contener a la multitud. La tensión se sintió en todo el edificio y en las calles aledañas.
Desde adentro, las autoridades decidieron que era momento de terminar con el velorio para evitar un desastre mayor. La familia, las hijas de Diego y los responsables de la seguridad se vieron en la obligación de evacuar el cuerpo rápidamente. La salida fue organizada con trucos para que los fanáticos no se desesperaran y evitar enfrentamientos.
En esos minutos de locura, se registraron incidentes, roturas y momentos de gran tensión. Pero en cuestión de minutos, la Casa Rosada quedó vacía, y la multitud en la calle fue contenida. La despedida, que había sido tan multitudinaria y emotiva, terminó en un final abrupto, pero con la certeza de que Maradona seguía siendo el corazón de Argentina.
El legado que aún perdura
Hoy, cinco años después, la imagen de aquel día sigue vigente. La pasión, los gritos y las lágrimas todavía están presentes en la memoria de quienes vivieron esa jornada. Maradona no solo fue un futbolista destacado, sino un símbolo de identidad y resistencia para millones de argentinos.
Su despedida en la Casa Rosada fue una muestra más de cómo la historia y la pasión pueden desbordar cualquier protocolo, dejando una marca indeleble en la historia del país y en el corazón de su gente.




